El
submarino U-434 salió de los astilleros rusos en 1976. Se construyó en sólo
ocho meses. Estuvo asignado a la Flota del
Mar del Norte Soviética, en la que prestó servicio hasta abril de
2002; a partir de ese año, quedó expuesto al público. Este submarino, es uno de
los submarinos no nucleares más grandes del mundo y fue usado principalmente
en labores de espionaje.
Hubo dos grandes incendios a bordo, en la proa y la popa respectivamente, pero pudieron ser controlados gracias al equipo individual
de extinción de incendios de cada compartimento. Cuenta con un dispositivo de aire, para
casos de emergencia, que contiene un
suministro de 20 minutos para cada miembro de la tripulación. El U-434 tiene
dos entradas/salidas que podían utilizarse también como escotillas de rescate
de emergencia.
Se puede ver claramente la ondulación de las puertas debido a la presión.
Teóricamente era imposible
vivir dentro del submarino por debajo de 80 metros, eso significaba que toda la
tripulación estaría condenada a morir en caso de que el submarino navegara
sobrepasando esa cifra. Aunque la muerte
también podía sobrevenir por otras causas, por ejemplo, se demostró que el gas
clorhídrico provocado por la reacción química del contenido de las baterías,
también podría llegar a ser mortal.
¿Cómo era la vida en este submarino? Imaginemos
meter a 84 personas, que eran los miembros que componían esta tripulación, en un habitáculo de 90 metros de largo, por 9
de ancho (medidas del U-434). Y como pueden comprobar por las fotos, la inmensa
mayoría del espacio está ocupado por cientos de tuberías y válvulas, amén de
los torpedos y los víveres, nos queda un espacio escaso en el que apenas podían
revolverse. Las comidas debían hacerse de forma rápida por dos
cosas, para sustituir a los compañeros de guardia y que éstos se la tomaran aún
caliente.
A la hora de dormir, había una litera por cada tres
miembros de la tripulación, por lo que eran ocupadas continuamente, a esto se
le llama dormir en “cama caliente” y sólo los oficiales estaban exentos (privilegios obvios).
Las misiones duraban poco tiempo por la falta de
víveres, pero después aparecieron los buques de suministro de combustible y
alimentos, para poder prolongarlas. Al principio, había voluntarios, pero las
duras condiciones de navegación hicieron poco a poco que tuvieran que destinar
a miembros de la marina a estos viajes de forma obligatoria (en mi pueblo a las aspirantes a reinas de las fiestas también las sacaban a la fuerza...).
Por unos diez euros, pueden
estar desde que abran hasta que cierren escudriñando todos los rincones del
U-434. No hay límite de tiempo para ver esta maravilla.
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